Tres leyes de la Robótica
Idioma Español - Pombo
sábado, 18 de julio de 2026
Las leyes de la robótica de Isaac Asimov
Sueños de robot de Isaac Asimov
Sueños de robot de Isaac Asimov
Sueños de robot
La elección de los nombres, Crónicas marcianas
La elección de los nombres
Llegaron a las extrañas tierras azules y les pusieron sus nombres: ensenada Hinkston, cantera Lusting, río Black, bosque Driscoll, montaña de los Peregrinos, ciudad Wilder, nombres todos de gente y de las hazañas de gente. En el lugar donde los marcianos mataron a los primeros terrestres, había un pueblo Rojo, en recuerdo de la sangre de esos hombres. El lugar donde fue destruida la segunda expedición se llamaba Segunda Tentativa. En todos los sitios donde los hombres de los cohetes quemaban el suelo con calderos ardientes, quedaban como cenizas los nombres. Y, naturalmente, había una colina Spender y una ciudad Nathaniel York...
Los antiguos nombres marcianos eran nombres de agua, de aire y de colinas. Nombres de nieves que descendían por los canales de piedra hacia los mares vacíos. Nombres de hechiceros sepultados en ataúdes herméticos y torres y obeliscos. Y los cohetes golpearon como martillos esos nombres, rompieron los mármoles, destruyeron los mojones de arcilla que nombraban a los pueblos antiguos, y levantaron entre los escombros grandes pilones con los nuevos nombres: Pueblo Hierro, Pueblo Acero, Ciudad Aluminio, Aldea Eléctrica, Pueblo Maíz, Villa Cereal, Detroit II, y otros nombres mecánicos, y otros nombres de metales terrestres.
La leyenda de la lobizona de Gonzalo Abella
De Doña Antenora se decía que era lobizona, y vivía su solitaria existencia en las afueras de un pequeño caserío. Su vivienda era un rancho de terrón semiderruido, herencia de sus padres que ya habían muerto y de su hermanos mayores que se habían ido.
De lunes a jueves recibía todo lo necesario por trueque con sus vecinos. Algo para ofrecer nunca le faltaba, porque era “manosanta” y extraordinaria yuyera curandera; sus “venceduras” curaban vicheras en animales, plagas en cultivos y deshacían maleficios en general…
Como partera era buena también, pero las muchachas la esquivaban por miedo a algún mal de ojo que, por cierto, nunca se supo que ella ocasionara.
Su hermana mayor volvió ya anciana de la capital departamental al caserío natal. Muy católica, era laica consagrada y había trabajado en rancheríos muy pobres. Ahora había prometido ante la tumba de sus padres que borraría la mala fama de su hermana Antenora.
En el pueblo se supo del proyecto de la hermana mayor y se desaprobó la idea. Antenora en noche de viernes, se decía, transformada en una hermosa perra blanca, no hacía daño a nadie. Aullaba lastimeramente, rondaba el cementerio sin entrar, y era una aparición más entre tantas, un misterio más del campo agreste.
La llegada de la hermana devota, en el ómnibus local, coincidió con el arribo del automóvil de un agente comercial viajero que una vez al mes paraba en el humilde poblerío. El hombre llegaba sin finalidad comercial alguna, solo para tirar unos tiros en el monte y retomar luego su camino hacia parajes más prósperos.
Llegó el atardecer del viernes. Antenora se arrodilló dócilmente junto a su hermana mayor y ambas rezaron el rosario entre velas y faroles. Los vecinos cercanos cerraron sus casas, se persignaron y algunos procuraron dormir.
A eso de las diez de la----------------------------------------- n
Fragmento de Mitos y leyendas de Gonzalo Abella
Actividades
1) Busca en el diccionario el significado de las palabras subrayadas, escribe la acepción que te parezca más adecuada.
2) ¿Por qué este texto te parece una leyenda?
3) ¿Qué actividades realiza Antenora y a qué se había dedicado su hermana hasta que llegó al pueblo? ¿Encuentras una semejanza con la labor de las guardianas que estudiamos con libro homónimo de Emilia Díaz?
4) ¿Por qué Antenora tenía “mala fama”?
5) Analiza como lo hicimos en clase los siguientes GSNs.
“un mal de ojo”
“hermosa perra blanca”
6) Escribe el final de esta leyenda, mantén la cohesión y características del texto. No superes los siete renglones.
domingo, 5 de julio de 2026
jueves, 2 de julio de 2026
Luz estelar de Isaac Asimov
LUZ ESTELAR
Arthur Trent oyó claramente las palabras que escupía el receptor.
-¡Trent! No puedes escapar. Interceptaremos tu órbita en un par de horas. Si intentas resistir, te haremos pedazos.
Trent sonrió y guardó silencio. No tenía armas ni necesidad de luchar. En menos de un par de horas la nave daría el salto al hiperespacio y jamás lo hallarían. Se llevaría un kilogramo de krilio, suficiente para construir sendas cerebrales de miles de robots, por un valor de diez millones de créditos en cualquier mundo de la galaxia, y sin preguntas.
El viejo Brennmeyer lo había planeado todo. Lo había estado planeando durante más de treinta años. Era el trabajo de toda su vida.
-Es la huida, jovencito -le había dicho-. Por eso te necesito. Tú puedes pilotar una nave y llevarla al espacio. Yo no.
-Llevarla al espacio no servirá de nada, señor Brennmeyer. Nos capturarán en medio día.
-No nos capturarán si damos el salto. No nos capturarán si cruzamos el hiperespacio y aparecemos a varios años luz de distancia.
-Nos llevaría medio día planear el salto, y aunque lo hiciéramos a tiempo la policía alertaría a todos los sistemas estelares.
-No,Trent, no.
-El viejo le cogió la mano con trémula excitación-. No a todos los sistemas estelares, sólo a los que están en las inmediaciones. La galaxia es vasta y los colonos de los últimos cincuenta mil años han perdido contacto entre sí.
Describió la situación en un tono de voz ansioso. La galaxia era ya como la superficie del planeta original -la Tierra, lo llamaban- en los tiempos prehistóricos. El ser humano se había esparcido por todos los continentes, pero cada uno de los grupos sólo conocía la zona vecina.
-Si efectuamos el salto al azar -le explicó Brennmeyer- estaremos en cualquier parte, incluso a cincuenta mil años luz, y encontrarnos les será tan fácil como hallar un guijarro en una aglomeración de meteoritos.
Trent sacudió la cabeza. -Pero no sabremos dónde estamos. No tendremos modo de llegar a un planeta habitado.
Brennmeyer miró receloso a su alrededor. No tenía a nadie cerca, pero bajó la voz: -Me he pasado treinta años recopilando datos sobre todos los planetas habitables de la galaxia. He investigado todos los documentos antiguos. He viajado miles de años luz, más lejos que cualquier piloto espacial. Y el paradero de cada planeta habitable está ahora en la memoria del mejor ordenador del mundo.
-Trent enarcó las cejas.
El viejo prosiguió-: Diseño ordenadores y tengo los mejores. También he localizado el paradero de todas las estrellas luminosas de la. galaxia, todas las estrellas de clase espectral F, B, A y O, y los he almacenado en la memoria. Después del salto, el ordenador escudriña los cielos espectroscópicamente y compara los resultados con su mapa de la galaxia. Cuando encuentra la concordancia apropiada, y tarde o temprano ha de encontrarla, la nave queda localizada en el espacio y, luego, es guiada automáticamente, mediante un segundo salto, a las cercanías del planeta habitado más próximo.
-Parece complicado.
-No puede fallar. He trabajado en ello muchos años y no puede fallar. Me quedarán diez años para ser millonario. Pero tú eres joven. Tú serás millonario durante mucho más tiempo.
-Cuando se salta al azar, se puede terminar dentro de una estrella.
-Ni una probabilidad en cien billones, Trent. También podríamos aparecer tan lejos de cualquier estrella luminosa que el ordenador no encuentre nada que concuerde con su programa. Podríamos saltar a sólo un año luz y descubrir que la policía aún nos sigue el rastro. Las probabilidades son aún menores. Si quieres preocuparte, preocúpate por la posibilidad de morir de un ataque cardíaco en el momento del despegue. Las probabilidades son mucho más altas.
-Usted podría sufrir un ataque cardíaco. Es más viejo.
El anciano se encogió de hombros. -Yo no cuento. El ordenador lo hará todo automáticamente.
Trent asintió con la cabeza y recordó ese detalle.
Una medianoche, cuando la nave estaba preparada y Brennmeyer llegó con el krilio en un maletín -no tuvo dificultades en conseguirlo, pues era hombre de confianza-, Trent tomó el maletín con una mano al tiempo que movía la otra con rapidez y certeza. Un cuchillo seguía siendo lo mejor, tan rápido como un despolarizador molecular, igual de mortífero y mucho más silencioso. Dejó el cuchillo clavado en el cuerpo, con sus huellas dactilares. ¿Qué importaba? No iban a aprehenderlo.
Una vez en las honduras del espacio, perseguido por las naves patrulla, sintió la tensión que siempre precedía a un salto. Ningún fisiólogo podía explicarla, pero todo piloto veterano conocía esa sensación. Por un instante de no espacio y no tiempo se producía un desgarrón, mientras la nave y el piloto se convertían en no materia y no energía y, luego, se ensamblaban inmediatamente en otra parte de la galaxia. Trent sonrió. Seguía con vida. No había ninguna estrella demasiado cerca y había millares a suficiente distancia. El cielo parecía un hervidero de estrellas y su configuración era tan distinta que supo que el salto lo había llevado lejos. Algunas de esas estrellas tenían que ser de clase espectral F o mejores aún. El ordenador contaría con muchas probabilidades para utilizar su memoria. No tardaría mucho.
Se reclinó confortablemente y observó el movimiento de la rutilante luz estelar mientras la nave giraba despacio. Divisó una estrella muy brillante. No parecía estar a más de dos años luz, y su experiencia como piloto le decía que era una estrella caliente y propicia. El ordenador la usaría como base para estudiar la configuración del entorno. No tardará mucho, pensó Trent una vez más. Pero tardaba. Transcurrieron minutos, una hora. Y el ordenador continuaba con sus chasquidos y sus parpadeos. Trent frunció el ceño. ¿Por qué no hallaba la configuración? Tenía que estar allí. Brennmeyer le había mostrado sus largos años de trabajo. No podía haber excluido una estrella ni haberla registrado en un lugar erróneo. Por supuesto que las estrellas nacían, morían y se desplazaban en el curso de su existencia, pero esos cambios eran lentos, muy lentos. Las configuraciones que Brennmeyer había registrado no podían cambiar en un millón de años.
Trent sintió un pánico repentino. ¡No! No era posible. Las probabilidades eran aún más bajas que las de saltar al interior de una estrella. Aguardó a que la estrella brillante apareciera de nuevo y, con manos temblorosas, la enfocó con el telescopio. Puso todo el aumento posible y, alrededor de la brillante mota de luz, apareció la bruma delatora de gases turbulentos en fuga. ¡Era una nova! La estrella había pasado de una turbia oscuridad a una luminosidad fulgurante quizás solo un mes atrás. Antes pertenecía a una clase espectral tan baja que el ordenador la había ignorado, aunque seguramente merecía tenerla en cuenta. Pero la nova que existía en el espacio no existía en la memoria del ordenador porque Brennmeyer no la había registrado. No existía cuando Brennmeyer reunía sus datos. Al menos, no existía como estrella brillante y luminosa.
-¡No la tengas en cuenta! -gritó Trent-. ¡Ignórala! Pero le gritaba a una máquina automática que compararía el patrón centrado en la nova con el patrón galáctico sin encontrarla, y quizá continuaría comparando mientras durase la energía. El aire se agotaría mucho antes. La vida de Trent se agotaría mucho antes. Trent se hundió en el asiento, contempló aquella burlona luz estelar e inició la larga y agónica espera de la muerte. Si al menos se hubiera guardado el cuchillo…
Actividades
Actividades Luz estelar
1. Localiza los personajes.
2. ¿Cuál es la complicación del relato?
3. Explica brevemente por qué es un cuento de ciencia ficción.
6. ¿Cómo continuarías el relato?
7. Estudiar gramaticalmente los enunciados subrayados.
8. Completa la tabla
Verbo conjugado
Persona gramatical
Número
Tiempo
Modo
oyó
capturarán
es
llamaban
efectuamos
tardarás
nacía
Las langostas de Crónicas marcianas.
Crónicas marcianas
1) ¿En qué lugar transcurren los hechos que se relatan?
2) Este texto se publicó en 1946 ¿por qué razón este escritor se considera un visionario a pesar de escribir ciencia ficción?
3) ¿Qué rol cumplen las mujeres en este cuento?
4) ¿Por qué otra palabra de significado similar sustituirías a “algarabía”?
5) ¿Qué nos permite interpretar el título del relato?
6) ¿Cuáles habrán sido los principales desafíos de los colonos?
7) En el segmento subrayado hay un nexo copulativo determina si está relacionando oraciones o clases de palabras.