sábado, 31 de enero de 2026

Enganchados al móvil. Artículo de opinión de Juan José Mairal

 Enganchados al móvil. Artículo de opinión de Juan José Mairal 

Publicado por Jacetania Express en GLOBAL, Opinión

¿Quién puede dudar, hoy en día, que todos o una gran mayoría de ciudadanos estamos enganchados al móvil o smartphone? Basta con observar a todo bicho viviente ir por la calle, en el metro, en el autobús, en una cafetería, en un parque, en un cine, en un polideportivo, en un estadio de fútbol,... No hay quien se libre.

Estamos haciendo del móvil nuestro aliado y amigo indispensable y hasta único, a veces, con el que no se puede salir de casa sin su compañía. Alguien dijo que el móvil es el chupete de nuestros tiempos, el juguete de nuestros ratos libres y el confidente de nuestros secretos. También es el causante, cómo no, de varias adicciones modernas. Pasar del uso al abuso es tremendamente fácil. El pasar tanto tiempo enganchados al smartphone hace que quitemos tiempo para estar con nuestros hijos, con nuestros amigos o viceversa, para dialogar, conversar, disfrutar y convivir sin aparatitos, mensajes, whatsapp y emoticono.

Pero, pese a todo lo que digamos, tenemos la batalla perdida; seguimos mirando las pantallitas y haciendo de su uso y abuso de ellas. Es lo que podemos llamar sociedad hiperconectada. El aumento del consumo del móvil es un hecho, una realidad que nos lleva a unas relaciones diferentes entre nosotros. Y lo malo o lo bueno, yo ya no sé, es que no todo tiene arreglo con el móvil o smartphone. Y eso es así.

                                                                                            Juan José Mairal Herreros


 


1) ¿Qué función cumplen los paratextos?

2) Menciona dos argumentos a favor y dos en contra del uso del móvil esgrimidos por el argumentador.

3) Ubica dos ejemplos de lenguaje figurado usado en el texto.

4) ¿Te parece que la ironía esta presente en el texto? Fundamenta tu respuesta con un ejemplo bien fundado.

5) ¿Qué entiendes por "sociedad hiperconectada" a la que se refiere J. José Mairal?

6) Si tuvieras que buscar un sinónimo del nexo extraoracional "Pero", ¿cuál de estos es el correcto?

- Además,

Sin embargo,

O,

7) Escribe un texto argumentativo cuya tesis sea: El uso del celular perjudica la calidad de vida de los adolescentes.

Usa por lo menos dos de los recursos retóricos estudiados en clase  organiza el texto en párrafos.

8) Estudia sintácticamente las siguientes estructuras lingüísticas:

El aumento del consumo del móvil es un hecho...


Todo bicho viviente va con su celular por la calle, en el autobús, en el metro y perdemos tiempo con nuestras familias.


Paris y la manzana de la discordia

 

Paris y la manzana de la discordia

La leyenda del nacimiento de la Guerra de Troya

Un día Zeus, el dios de los dioses celebró en el Olimpo un gran banquete al que todos los dioses fueron invitados. Todos salvo Eris, la diosa de la discordia, a quien se guardaba mucho de invitar a estas celebraciones. Pero a Eris le llegó a los oídos la celebración y fue de todos modos. Irrumpió a mitad del banquete y lanzó sobre una alfombra de terciopelo una manzana de oro con la siguiente inscripción: “A la más bella.”

Evidentemente, Afrodita, la diosa de la belleza, se levantó para levantar lo que le pertenecía. Sin embargo, otras dos diosas la detuvieron, afirmando que la manzana le correspondía por derecho: Hera, la mujer de Zeus y Atenea, una orgullosa guerrera, hija de Zeus.

Esa manzana se convirtió en la manzana de la discordia y las tres bellezas pidieron al dios de los dioses que dictaminara quién era realmente la más bella.

No obstante, Zeus sabía que ninguna de las tres tenía un carácter fácil. Los ilimitados celos de Hera lo asustaban. El carácter arisco de Atenea era famoso y, en cuanto a Afrodita, esta tenía el enorme poder de privar del amor a aquel que la contrariara. Prudentemente, Zeus decretó que las tres diosas deberían bajar a la Tierra muy cerca de la ciudad de Troya. Allí el joven príncipe de Troya, Paris hacía pastar el rebaño.

Paris, famoso por su belleza, se quedó atónito ante las tres bellas diosas del Olimpo. Y cuando estas le formularon su requerimiento quedó aún más desorientado.

Hera se le dirigió en estos términos:

-          Si me escoges a mí, que soy la más bella, te convertiré en jefe del imperio más vasto y con muchos hijos que te heredarán

Atenea subió la apuesta:

-          Si me eliges a mí, que soy la más bella, haré de ti un héroe invencible que conseguirá para su pueblo victoria tras victoria.

Luego, Afrodita murmuró:

-          Si me eliges a mí, que sin sombra de dudas soy la más bella, haré que te enamores de la mortal que se destaca en hermosura. Y desanudando la túnica, mostró su perturbador encanto.

Subyugado por el cuerpo sin defectos de Afrodita, Paris tomó la manzana y se la extendió.

Con este gesto selló su destino. Las diosas no elegidas le tendieron una trampa.  La hermosísima mortal era Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. Cuando Paris, ayudado por Afrodita, raptó a su esposa se desencadenó la famosa guerra de Troya.

sábado, 6 de diciembre de 2025

Dejando el hábito del teléfono celular

 Dejando el hábito del teléfono celular

 

Umberto Eco

Recientemente leí acerca de un servicio no convencional ofrecido en el hotel Byron, un famoso balneario de la Riviera italiana frecuentado por los ricos y famosos.

Los huéspedes tienen a su disposición un psicoterapeuta políglota cuyo objetivo es ayudarles a superar su dependencia de los teléfonos móviles y, si es necesario, del Twitter y todos los demás medios adictivos de comunicación social que han inducido a todo un nuevo nivel de neurosis.

A principios de los años 90, cuando los teléfonos móviles aún no estaban en todas partes, escribí acerca de los “poseedores de teléfonos celulares” —un neologismo que acuñé, emulando a los “portadores de la antorcha”— que trataban de llamar la atención sobre sí mismos en los trenes y en los aeropuertos gritando a voz de cuello sobre el comercio de acciones, préstamos bancarios y otros negocios.

Comenté que su comportamiento era un signo de inferioridad social: quien era verdaderamente poderoso no necesitaba tener teléfonos celulares, ya que tenían 20 secretarios contestando las llamadas; las personas que necesitaban los teléfonos móviles eran los gerentes de nivel medio, que tenían que informar constantemente a sus directores generales, y los dueños de empresas pequeñas que atendían las llamadas de su banco.

Mi evaluación sobre los poseedores de teléfonos tenía que ver más con su estatus social que con su neurosis potencial, porque en ese momento era muy posible que, en privado, estos exhibicionistas dejaran a un lado sus teléfonos y calladamente se dedicaran a sus negocios.

Sin duda, ya no es así. Justo el otro día noté a cinco personas que caminaban a mi lado: dos estaban haciendo llamadas, dos enviando mensajes de texto tan frenéticamente que corrían el riesgo de tropezar y caer, y una mujer caminando con su teléfono en la mano, lista a responder a cualquier tono o timbre que pudiera emitir.

Conozco a un hombre bastante culto y distinguido que se deshizo de su Rolex porque hoy en día, dijo, puede ver la hora con sólo mirar su Blackberry.

Tecnológicamente hablando, es obvio que esto representa un paso adelante —tener pequeños pero potentes computadoras a nuestro alcance en todo momento—, pero también un paso hacia atrás. Después de todo, el reloj de pulsera ofreció a la gente una alternativa a estar sacando constantemente el reloj de bolsillo de su chaleco (o, supongo, caminando con los relojes de caja atados a sus espaldas). Pero mientras el reloj de pulsera liberó nuestras manos, el teléfono inteligente las monopoliza. Mi amigo cambió su Rolex por un dispositivo que tiene una de sus manos constantemente ocupada.

Es como si hubiésemos decidido colectivamente atrofiar uno de nuestros miembros, a pesar de que sabemos que tener dos manos con los pulgares opuestos ha contribuido enormemente a la evolución de nuestra especie.

Y en los días en que la gente utilizaba plumas de ganso para escribir, requería usar una sola mano; pero hoy en día se necesitan dos para escribir en un teclado, por lo que el poseedor de un celular no puede utilizar el teléfono y su computadora al mismo tiempo.

De nuevo, supongo que un adicto al teléfono móvil no tiene necesidad de una computadora (ese objeto ya casi prehistórico) porque puede usar el teléfono para acceder a internet, enviar mensajes de texto y correos electrónicos, y —creo que siguen haciendo eso también— llamar a otra persona.

Por supuesto, y no soy el primero en señalarlo, otra manera de demostrar que la tecnología móvil es a la vez un paso adelante y un paso atrás es que, por mucho que nos conecte virtualmente, también interrumpe el tiempo que dedicamos a estar juntos, frente a frente. La película italiana L’Amore è eterno finchè dura (El amor es eterno mientras dura) ofrece un ejemplo extremo en una escena en la que una joven insiste en responder mensajes urgentes mientras tiene relaciones sexuales.

Una vez concedí una entrevista a una periodista española, una mujer con aire de culta e inteligente que, en su artículo, observó con asombro que nunca había interrumpido nuestra conversación para contestar el teléfono. Y por eso decidió que yo estoy muy bien educado. Tal vez nunca se le ocurrió que había apagado mi celular para evitar interrupciones —o que no tenía un teléfono celular—.

* Novelista y semiólogo italiano

2013 Umberto Eco/L’Espress

Vocabulario: 

neologismo: palabra o expresión nueva.

polìglota: persona que domina muchos idiomas.

atrofiar: dejar de usar, volver inùtil.

Propuesta para 2o. MA

No copien preguntas, respondan directamente.

Actividades 


a)Qué aconteció en el Hotel Byron?

b) ¿Qué recurso retórico está presente allí? Marca el que te parezca correcto.

Cita de autoridad
Comparación
Narración breve

c) Encuentra un argumento a favor y otro en contra del portar celular.

d) ¿Con qué otro objeto compara el celular para afirmar que hemos atrofiado uno de nuestros miembros?

e) ¿Qué otro título le puedes adjudicar a este artículo de opinión?

f) Escribe una conclusión para este texto.

g) Analiza sintácticamente los siguientes enunciados:


  1.  Concedí una entrevista a una periodista española, estaba asombrada ante mi postura.


    2. La gente usaba pluma de ganso para escribir y ahora utiliza los celulares.

Paris y la manzana de la discordia

 

Paris y la manzana de la discordia

La leyenda del nacimiento de la Guerra de Troya

Un día Zeus, el dios de los dioses celebró en el Olimpo un gran banquete al que todos los dioses fueron invitados. Todos salvo Eris, la diosa de la discordia, a quien se guardaba mucho de invitar a estas celebraciones. Pero a Eris le llegó a los oídos la celebración y fue de todos modos. Irrumpió a mitad del banquete y lanzó sobre una alfombra de terciopelo una manzana de oro con la siguiente inscripción: “A la más bella.”

Evidentemente, Afrodita, la diosa de la belleza, se levantó para levantar lo que le pertenecía. Sin embargo, otras dos diosas la detuvieron, afirmando que la manzana le correspondía por derecho: Hera, la mujer de Zeus y Atenea, una orgullosa guerrera, hija de Zeus.

Esa manzana se convirtió en la manzana de la discordia y las tres bellezas pidieron al dios de los dioses que dictaminara quién era realmente la más bella.

No obstante, Zeus sabía que ninguna de las tres tenía un carácter fácil. Los ilimitados celos de Hera lo asustaban. El carácter arisco de Atenea era famoso y, en cuanto a Afrodita, esta tenía el enorme poder de privar del amor a aquel que la contrariara. Prudentemente, Zeus decretó que las tres diosas deberían bajar a la Tierra muy cerca de la ciudad de Troya. Allí el joven príncipe de Troya, Paris hacía pastar el rebaño.

Paris, famoso por su belleza, se quedó atónito ante las tres bellas diosas del Olimpo. Y cuando estas le formularon su requerimiento quedó aún más desorientado.

Hera se le dirigió en estos términos:

-          Si me escoges a mí, que soy la más bella, te convertiré en jefe del imperio más vasto y con muchos hijos que te heredarán

Atenea subió la apuesta:

-          Si me eliges a mí, que soy la más bella, haré de ti un héroe invencible que conseguirá para su pueblo victoria tras victoria.

Luego, Afrodita murmuró:

-          Si me eliges a mí, que sin sombra de dudas soy la más bella, haré que te enamores de la mortal que se destaca en hermosura. Y desanudando la túnica, mostró su perturbador encanto.

Subyugado por el cuerpo sin defectos de Afrodita, Paris tomó la manzana y se la extendió.

Con este gesto selló su destino. Las diosas no elegidas le tendieron una trampa.  La hermosísima mortal era Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. Cuando Paris, ayudado por Afrodita, raptó a su esposa se desencadenó la famosa guerra de Troya.

domingo, 30 de noviembre de 2025

Enganchados al móvil. Artículo de opinión de Juan José Mairal

 Enganchados al móvil. Artículo de opinión de Juan José Mairal 

Publicado por Jacetania Express en GLOBAL, Opinión

¿Quién puede dudar, hoy en día, que todos o una gran mayoría de ciudadanos estamos enganchados al móvil o smartphone? Basta con observar a todo bicho viviente ir por la calle, en el metro, en el autobús, en una cafetería, en un parque, en un cine, en un polideportivo, en un estadio de fútbol,... No hay quien se libre.

Estamos haciendo del móvil nuestro aliado y amigo indispensable y hasta único, a veces, con el que no se puede salir de casa sin su compañía. Alguien dijo que el móvil es el chupete de nuestros tiempos, el juguete de nuestros ratos libres y el confidente de nuestros secretos. También es el causante, cómo no, de varias adicciones modernas. Pasar del uso al abuso es tremendamente fácil. El pasar tanto tiempo enganchados al smartphone hace que quitemos tiempo para estar con nuestros hijos, con nuestros amigos o viceversa, para dialogar, conversar, disfrutar y convivir sin aparatitos, mensajes, whatsapp y emoticono.

Pero, pese a todo lo que digamos, tenemos la batalla perdida; seguimos mirando las pantallitas y haciendo de su uso y abuso de ellas. Es lo que podemos llamar sociedad hiperconectada. El aumento del consumo del móvil es un hecho, una realidad que nos lleva a unas relaciones diferentes entre nosotros. Y lo malo o lo bueno, yo ya no sé, es que no todo tiene arreglo con el móvil o smartphone. Y eso es así.

                                                                                            Juan José Mairal Herreros


 


1) ¿Qué función cumplen los paratextos?

2) Menciona dos argumentos a favor y dos en contra del uso del móvil esgrimidos por el argumentador.

3) Ubica dos ejemplos de lenguaje figurado usado en el texto.

4) ¿Te parece que la ironía esta presente en el texto? Fundamenta tu respuesta con un ejemplo bien fundado.

5) ¿Qué entiendes por "sociedad hiperconectada" a la que se refiere J. José Mairal?

6) Si tuvieras que buscar un sinónimo del nexo extraoracional "Pero", ¿cuál de estos es el correcto?

- Además,

Sin embargo,

O,

7) Escribe un texto argumentativo cuya tesis sea: El uso del celular perjudica la calidad de vida de los adolescentes.

Usa por lo menos dos de los recursos retóricos estudiados en clase  organiza el texto en párrafos.

8) Estudia sintácticamente las siguientes estructuras lingüísticas:

El aumento del consumo del móvil es un hecho...


Todo bicho viviente va con su celular por la calle, en el autobús, en el metro y perdemos tiempo con nuestras familias.


sábado, 18 de octubre de 2025

Leyenda del caserón de la muerta de Fernán Silva Valdés

Leyenda del caserón de la muerta

por Fernán Silva Valdés

 

Confieso que me interesan, que "me tiran" las brujerías, y quisiera creer en ellas más de lo que creo. El vulgo, en general, cree en estas cosas por ignorancia candorosa, y muchas gentes ilustradas creen — o quieren creer — en un sentido superior, de vuelta, por respeto a lo desconocido y más que nada, por la atracción del misterio. Es una manera de sentir la poesía del más allá.

Y bien. Estamos en un establecimiento ganadero, o mejor, en una estancia. Somos un grupo de gente civilizada. Hemos venido a pasar unos días de descanso. A despeinarnos el espíritu, levantándonos temprano, aspirando el gran aire de las cuchillas orientales al galope elástico de nuestros caballos cuarterones . . . "al galopón por los campos sonoros", como dije una vez en una frase concebida sin quererlo, tan de acaballo, que me salió con el ritmo del propio galope del potro.

Esa noche, después de comer, pasamos a la sala a tomar el café y jugar a la baraja. Dios nos cría y nosotros nos juntamos; por eso se forman dos grupos: uno de bridge y otro de truco. Naturalmente que yo estoy en éste. Me he dado el gusto de enseñar el juego del truco a tres amigas.

El partido era de seis. Confieso que jugar a este juego entre hombres, es interesante pero jugarlo con intervención de damas, es encantador. Desde luego que cada chambonada de la compañera, lejos de ser motivo de crítica o de enojo, es motivo de comentarios graciosos y amables.

Bueno, Dieron las doce. Alguien recordó que era la hora clásica de los fantasmas y de las brujas; y como en aquellos pagos queda aún flotando en la noche la cola blanca del misterio, salimos a tomar la luna antes de acostarnos, y entonces yo propuse ir a tomar un poco de misterio. Y fuimos; pero no todos. Nos decidimos cinco solamente. Montamos en un auto y nos dirigimos hacia "El caserón de la muerta".

Quedaba cerca. Era una ruina de piedra. Antiguamente había sido una pulpería clásica. Aún quedaba el arco de entrada y las huellas de la reja de fierro, por donde se atendía desconfiadamente a la brava clientela del vaso de caña o de ginebra.

"El caserón de la muerta" o la "Azotea de piedra", como se le llamó en otro tiempo, tenía su leyenda, que era la siguiente: el pulpero había sido un vasco honrado y laborioso. Su mujer le había dado varias hijas, casi todas rubias, rosadas, y lindas. Una sobre todo (que siempre entre las lindas hay una más linda). Era "la flor del pago". Por ella había siempre una fila de pingos en el palenque jugando a los grillos con las coscojas del freno, mientras sus dueños, en el interior de la pulpería, junto a la reja, se empinaban copas y copas, para matar el tiempo orejeando con los ojos y la mente, el momento de ver a la moza cruzar la trastienda en sus quehaceres domésticos: casera, linda y hacendosa.

Era bravo y duro el vasco, que sino, esa paloma no hubiera estado mucho en el palomar. La grupa de muchos fletes se lustraba sola al influjo del pensamiento de más de un gaucho que amansaba el viril deseo de llevarla en ancas. Pero la cosa no pasaba de ahí ... Hasta que pasó. Muerto el vasco viejo, la familia perdió su guía; las muchachas se volvieron muy alegres; a dos por tres estaban de baile; y en uno de esos bailecitos la paloma voló.

A raíz del episodio, en el pago sacaron estos versos que le oí cantar a un gaucho viejo en una cocina negra, entre el humo de la leña y el sonar del aguacero:

La cortejaba un mozo
Cantor y guitarrero,
Y una noche de luna
Se la llevó en las ancas
—Vidalitay—
De su caballo negro.
La paseó por los campos;
La paseó por las sendas;
De lo felices que eran
—Vidalitay—
Todos se hacían lenguas.
Cuando la vio dormida,
La miró un largo rato
Y se fue y no volvió . ..
Después la hallaron muerta,
Con los ojos abiertos
—Vidalitay—
Y la cara hacia Dios.
Del tal manera el pago
La supo bien llorar,
Que hasta los pajaritos
—Vidalitay—
Dejaron de cantar.
Hoy por allí en la noche
No pasan los viajeros,
Porque anda una "luz mala"
Que se posa en las ancas
—Vidalitay—
De los caballos negros.

Con la desgracia y la vergüenza, aquello siguió barranca abajo. Las otras palomas, como excitadas por el ejemplo, siguieron volando. La casa se hizo célebre, no solo por la alegría de sus moradores sino también por las voces que se empezaron a correr. Se decía que en cada baile, a la media noche aparecía la muchacha muerta bailando con alguno de los concurrentes. Varios afirmaban haberla visto. Y cuando esto sucedía, el que con ella bailaba lo hacía sin darse cuenta, como atontado, tal cual si fuera guiado por las riendas de una fuerza misteriosa. Bailaba como un sonámbulo, y luego, al tiempo, por haber sido, sin saberlo, compañero de la muerta, se moría misteriosamente.

El sebo del misterio y del asombro fue sobando los caireles de las fiestas. Por esta causa los bailes empezaron a ralear sus mozos y las mujeres se quedaron solas, se quedaron solas hasta que se las llevó el Demonio, una a una, como a la hermana aquella, sentadas sobre el poncho de verano puesto sobre las ancas del flete, que el diablo siempre anda bien montado.

Tal era la leyenda respecto al caserón de la muerta. Pues bien: hacia el sitio donde yacía la tapera aludida íbamos esa noche de luna, sedientos de embrujo, silenciosos, andando sobre el ruido suave del auto entre los pastos.

Y nos fuimos acercando. Raúl iba en el volante; a su lado Rosina Caraba, la muchacha más simpática del mundo, alegre, dispuesta, cantora y guitarrera; y atrás mi prima Reina, su marido y yo. Instintivamente, como todo hombre que se aboca a un peligro, llevé la mano al revólver. Entonces Reina, con esa firmeza y ese encanto que le son peculiares, me dijo con tono casi maternal: no seas ridículo, deja el revólver quieto, que si hay fantasmas o algo del otro mundo, no le vas a hacer nada con las balas. Al misterio hay que ir desnudo y valiente pero con respeto. Si tenés miedo reza, pero deja las armas para los fantasmas vivos, que a los muertos ya no hay que matarlos. Las reflexiones de mi prima fueron como un mandato. Ni siquiera me dieron vergüenza. Ella, como siempre, era la más dulce y era la más fuerte.

Raúl detuvo el auto a cincuenta metros, e interrogó:

—Bajamos?

—Acércate más, le respondimos, inquietos y corajudos.

Llegamos a veinte, a diez metros . . . Bajamos del auto. La noche era como de día, o mejor: la noche era como el fantasma del día. El silencio se rayaba de grillos ... Una paloma arrulló su sueño entre las piedras semi caídas de la tapera, entre esas piedras esculpidas de verdín y brotadas de la peculiar "yerba de la piedra". Sentimos sobre nuestras cabezas el abarraco de una lechuza. ¡Jamás hubo abanico que produjera tanto chucho!

Nos acercamos más. Yo, con mi conciencia de hombre, tomé la punta. Tiraba del terror como de un cabo. Mi amor propio masculino le daba silenciosos latigazos al miedo. Y el miedo lerdeaba. Reina me alcanzó como queriéndome amadrinar. Pero en eso, detuvimos !n marcha al unísono, y quedamos arrolladitos de terror, agarrados unos con otros de los brazos como en mutua protección: Una música, oímos una música desentonada, cual desgarrando su melodía entre las piedras ásperas. Una música desflecada como producida por instrumentos desconocidos. Música de "salamanca" o de laguna, cual si llegara a nosotros a través del agua honda de un lago.

Sin cambiar su tono, nos fue envolviendo los sen¡idos con sus serpentinas negras de carnaval de la muerte, y dio vueltas alrededor de nuestras cabezas, y se alejó y vino nuevamente ensordeciéndonos con sus notas secas y amarillas de danza macabra.

—Dios mío, dijo Rosina Caraba tapándose la cara con las manos.

—Dios mío, dijo Reina haciendo la señal de la Cruz; perdónanos Señor si hemos pecado al venir. El miedo había puesto viboritas en todas las nucas.

Y así fuimos reculando, tomados de los brazos, hasta llegar al auto, sin animarnos a darle la espalda al caserón. Entramos al coche y antes de partir miramos otra vez, sin quererlo, como tironeados por algo que nos dominaba. Y sobre una de las paredes sin techo de la ruina, tal cual vestida de neblinas largas y movientes a través de las cuales se veía un cuerpo con luces fosfóricas que se escurrían entre las túnicas, se alzaba la muerta, con la cabeza volcada sobre el pecho y los brazos caídos; pero tan caídos como chorros de agua! Toda ella era como un chorro de agua. Parecía colgada. Parecía una novia ahorcada colgando de la luna.

domingo, 12 de octubre de 2025

Dejando el hábito del teléfono celular

 

Umberto Eco Dejando el hábito del teléfono celular

 

Umberto Eco

Recientemente leí acerca de un servicio no convencional ofrecido en el hotel Byron, un famoso balneario de la Riviera italiana frecuentado por los ricos y famosos.

Los huéspedes tienen a su disposición un psicoterapeuta políglota cuyo objetivo es ayudarles a superar su dependencia de los teléfonos móviles y, si es necesario, del Twitter y todos los demás medios adictivos de comunicación social que han inducido a todo un nuevo nivel de neurosis.

A principios de los años 90, cuando los teléfonos móviles aún no estaban en todas partes, escribí acerca de los “poseedores de teléfonos celulares” —un neologismo que acuñé, emulando a los “portadores de la antorcha”— que trataban de llamar la atención sobre sí mismos en los trenes y en los aeropuertos gritando a voz de cuello sobre el comercio de acciones, préstamos bancarios y otros negocios.

Comenté que su comportamiento era un signo de inferioridad social: quien era verdaderamente poderoso no necesitaba tener teléfonos celulares, ya que tenían 20 secretarios contestando las llamadas; las personas que necesitaban los teléfonos móviles eran los gerentes de nivel medio, que tenían que informar constantemente a sus directores generales, y los dueños de empresas pequeñas que atendían las llamadas de su banco.

Mi evaluación sobre los poseedores de teléfonos tenía que ver más con su estatus social que con su neurosis potencial, porque en ese momento era muy posible que, en privado, estos exhibicionistas dejaran a un lado sus teléfonos y calladamente se dedicaran a sus negocios.

Sin duda, ya no es así. Justo el otro día noté a cinco personas que caminaban a mi lado: dos estaban haciendo llamadas, dos enviando mensajes de texto tan frenéticamente que corrían el riesgo de tropezar y caer, y una mujer caminando con su teléfono en la mano, lista a responder a cualquier tono o timbre que pudiera emitir.

Conozco a un hombre bastante culto y distinguido que se deshizo de su Rolex porque hoy en día, dijo, puede ver la hora con sólo mirar su Blackberry.

Tecnológicamente hablando, es obvio que esto representa un paso adelante —tener pequeños pero potentes computadoras a nuestro alcance en todo momento—, pero también un paso hacia atrás. Después de todo, el reloj de pulsera ofreció a la gente una alternativa a estar sacando constantemente el reloj de bolsillo de su chaleco (o, supongo, caminando con los relojes de caja atados a sus espaldas). Pero mientras el reloj de pulsera liberó nuestras manos, el teléfono inteligente las monopoliza. Mi amigo cambió su Rolex por un dispositivo que tiene una de sus manos constantemente ocupada.

Es como si hubiésemos decidido colectivamente atrofiar uno de nuestros miembros, a pesar de que sabemos que tener dos manos con los pulgares opuestos ha contribuido enormemente a la evolución de nuestra especie.

Y en los días en que la gente utilizaba plumas de ganso para escribir, requería usar una sola mano; pero hoy en día se necesitan dos para escribir en un teclado, por lo que el poseedor de un celular no puede utilizar el teléfono y su computadora al mismo tiempo.

De nuevo, supongo que un adicto al teléfono móvil no tiene necesidad de una computadora (ese objeto ya casi prehistórico) porque puede usar el teléfono para acceder a internet, enviar mensajes de texto y correos electrónicos, y —creo que siguen haciendo eso también— llamar a otra persona.

Por supuesto, y no soy el primero en señalarlo, otra manera de demostrar que la tecnología móvil es a la vez un paso adelante y un paso atrás es que, por mucho que nos conecte virtualmente, también interrumpe el tiempo que dedicamos a estar juntos, frente a frente. La película italiana L’Amore è eterno finchè dura (El amor es eterno mientras dura) ofrece un ejemplo extremo en una escena en la que una joven insiste en responder mensajes urgentes mientras tiene relaciones sexuales.

Una vez concedí una entrevista a una periodista española, una mujer con aire de culta e inteligente que, en su artículo, observó con asombro que nunca había interrumpido nuestra conversación para contestar el teléfono. Y por eso decidió que yo estoy muy bien educado. Tal vez nunca se le ocurrió que había apagado mi celular para evitar interrupciones —o que no tenía un teléfono celular—.

* Novelista y semiólogo italiano

2013 Umberto Eco/L’Espress

Actividades 

a) Busca en el diccionario las palabras que no comprendas. También algún dato de la vida de Umberto Eco.

b)Qué aconteció en el Hotel Byron?

c) ¿Qué recurso retórico está presente allí? Marca el que te parezca correcto.

Cita de autoridad
Comparación
Narración breve

d) Encuentra un argumento a favor y otro en contra del portar celular.

e) ¿Con qué otro objeto compara el celular para afirmar que hemos atrofiado uno de nuestros miembros?

f) ¿Qué otro título le puedes adjudicar a este artículo de opinión?

g) Escribe una conclusión para este texto.

h) Analiza sintácticamente los enunciados subrayados.

  1.