sábado, 6 de diciembre de 2025

Paris y la manzana de la discordia

 

Paris y la manzana de la discordia

La leyenda del nacimiento de la Guerra de Troya

Un día Zeus, el dios de los dioses celebró en el Olimpo un gran banquete al que todos los dioses fueron invitados. Todos salvo Eris, la diosa de la discordia, a quien se guardaba mucho de invitar a estas celebraciones. Pero a Eris le llegó a los oídos la celebración y fue de todos modos. Irrumpió a mitad del banquete y lanzó sobre una alfombra de terciopelo una manzana de oro con la siguiente inscripción: “A la más bella.”

Evidentemente, Afrodita, la diosa de la belleza, se levantó para levantar lo que le pertenecía. Sin embargo, otras dos diosas la detuvieron, afirmando que la manzana le correspondía por derecho: Hera, la mujer de Zeus y Atenea, una orgullosa guerrera, hija de Zeus.

Esa manzana se convirtió en la manzana de la discordia y las tres bellezas pidieron al dios de los dioses que dictaminara quién era realmente la más bella.

No obstante, Zeus sabía que ninguna de las tres tenía un carácter fácil. Los ilimitados celos de Hera lo asustaban. El carácter arisco de Atenea era famoso y, en cuanto a Afrodita, esta tenía el enorme poder de privar del amor a aquel que la contrariara. Prudentemente, Zeus decretó que las tres diosas deberían bajar a la Tierra muy cerca de la ciudad de Troya. Allí el joven príncipe de Troya, Paris hacía pastar el rebaño.

Paris, famoso por su belleza, se quedó atónito ante las tres bellas diosas del Olimpo. Y cuando estas le formularon su requerimiento quedó aún más desorientado.

Hera se le dirigió en estos términos:

-          Si me escoges a mí, que soy la más bella, te convertiré en jefe del imperio más vasto y con muchos hijos que te heredarán

Atenea subió la apuesta:

-          Si me eliges a mí, que soy la más bella, haré de ti un héroe invencible que conseguirá para su pueblo victoria tras victoria.

Luego, Afrodita murmuró:

-          Si me eliges a mí, que sin sombra de dudas soy la más bella, haré que te enamores de la mortal que se destaca en hermosura. Y desanudando la túnica, mostró su perturbador encanto.

Subyugado por el cuerpo sin defectos de Afrodita, Paris tomó la manzana y se la extendió.

Con este gesto selló su destino. Las diosas no elegidas le tendieron una trampa.  La hermosísima mortal era Helena, esposa de Menelao, rey de Esparta. Cuando Paris, ayudado por Afrodita, raptó a su esposa se desencadenó la famosa guerra de Troya.