domingo, 5 de marzo de 2023

Noticia sobre sequía

SEQUÍA EN URUGUAY: EL DÉFICIT HÍDRICO AMENAZA LOS CULTIVOS Y LA PRODUCCIÓN GANADERA LOCAL

Publicado por Maria Pilar Gonzalez | Nov 28, 2022 | Notas relacionadas con sequías | 0  |     

Este 2022 es el tercer año con déficit de precipitaciones en Uruguay, y especialmente durante la primavera, cuando los cultivos necesitan más agua. El INUMET provee información a los principales organismos decisores del país y –como integrante del Proyecto SISSA– utiliza las herramientas de monitoreo y predicción que provee el proyecto en la elaboración de reportes.

 

Frente a la sequía que tiene lugar en Uruguay desde fines de 2019, los distintos organismos de gobierno local se encuentran realizando acciones y han fomentado medidas de adaptación y mitigación de manera coordinada. El Instituto Uruguayo de Meteorología (INUMET) es la autoridad en la materia en el país y entre sus objetivos está el monitoreo y seguimiento de fenómenos como la sequía, proveyendo de reportes a las instituciones de gobierno que así lo requieran.

No obstante la declaración de emergencia agropecuaria dictada por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca en octubre pasado –y el consecuente apoyo económico otorgado a través del Fondo Agropecuario de Emergencia– de acuerdo a medios locales la preocupación sigue siendo evidente entre la comunidad productiva agrícola ganadera, que ve prolongarse las medidas de emergencia y busca respuestas a largo plazo que los ayude a adaptarse al cambio climático.

Noelia Misevicius trabaja en el departamento de Servicios Climáticos del INUMET, y se dedica a la climatología aplicada. Coincide en que el tercer año consecutivo de La Niña ha tenido un alto impacto en el país y relata: “A fines de octubre se volvió a decretar la emergencia agropecuaria, con líneas de crédito destinadas a que los productores puedan paliar los efectos de la sequía, que implican la quita de algunos impuestos y tasas muy flexibles. Pero lo cierto es que hoy se están dando situaciones como que la represa de El Palmar se cruza de lado a lado caminando”.

 

Por otra parte, remarca que en Uruguay se vienen tomando algunas medidas preventivas desde algunos años atrás, tales como “limitar el uso del agua para fines no prioritarios como piscinas, lavado de veredas, autos, patios, etcétera”.

Viviana Nieves, del Departamento de Clima, Producción y Sociedad dentro de Servicios Climáticos del Instituto, confirma lo dicho: “En Uruguay estamos bajo los efectos de la sequía desde fines de 2019, y el bajo nivel de precipitaciones ha influenciado de manera muy negativa en el desarrollo del sector agrícola ganadero, principalmente los rubros de lechería, horticultura, fruticultura, ganadería y apicultura. En algunas localidades del interior, como ser Cerro Largo, el agua para consumo humano se está proveyendo a través de camiones cisterna desde hace un año. Y Canelones estaba con esa problemática también en los últimos tres, cuatro meses”, agrega. 

Sobre las medidas a nivel político, Nieves destaca que en estos últimos tres años, “la emergencia se declaró en algunas oportunidades para algunas secciones policiales (jurisdicciones), y si las precipitaciones seguían menguando a lo largo de los meses, se extendía a otras jurisdicciones. En este último evento de sequía, las condiciones agroclimáticas dieron la pauta para que se declarara a nivel nacional. En Uruguay el plazo por emergencia agropecuaria es de tres meses”. En cuanto a la mecánica de las reuniones, comenta que desde el INUMET participan “cuando nos convoca la Comisión de Emergencia Agropecuaria por medio del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca, ante la disminución de las precipitaciones. Colaboramos en la declaración de la emergencia como Instituto, suministrando información junto con otras instituciones para las medidas posteriores que se toman”. 

https://sissa.crc-sas.org/novedades/


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Pedro Páramo de Juan Rulfo

>Módulo Introductorio, noveno año, Comunicación y sociedad


Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo. Mi madre me lo dijo. Y yo le prometí que vendría a verlo en cuanto ella muriera. Le apreté sus manos en señal de que lo haría, pues ella estaba por morirse y yo en un plan de prometerlo todo. "No dejes de ir a visitarlo -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy segura de que le dará gusto conocerte." Entonces no pude hacer otra cosa sino decirle que así lo haría, y de tanto decírselo se lo seguí diciendo aun después de que a mis manos les costó trabajo zafarse de sus manos muertas. Todavía antes me había dicho: -No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio... El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro. -Así lo haré, madre. Pero no pensé cumplir mi promesa. Hasta que ahora pronto comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala. 

Era ese tiempo de la canícula, cuando el aire de agosto sopla caliente, envenenado por el olor podrido de las saponarias.

      El camino subía y bajaba: «Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para él que viene, baja.»

      —¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?

      —Comala, señor.

      —¿Está seguro de que ya es Comala?

      —Seguro, señor.

      —¿ Y por qué se ve esto tan triste?

      —Son los tiempos, señor.

      Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo los ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver: «Hay allí, pasando el puerto de Los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche.» Y su voz era secreta, casi apagada, como si hablara consigo misma... Mi madre.

      —¿Y a qué va usted a Comala, si se puede saber? —oí que me preguntaban.

      —Voy a ver a mi padre contesté.

      —¡Ah! — dijo él.

    Y volvimos al silencio.

    Caminábamos cuesta abajo, oyendo el trote rebotado de los burros. Los ojos reventados por el sopor del sueño, en la canícula de agosto.

      —Bonita fiesta le va a armar —volví a oír la voz del que iba allí a mi lado—. Se pondrá contento de ver a alguien después de tantos años que nadie viene por aquí.

      Luego añadió:

      —Sea usted quien sea, se alegrará de verlo.

      En la reverberación del sol, la llanura parecía una laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más allá, la más remota lejanía.

      —¿Y qué trazas tiene su padre, si se puede saber?

      —No lo conozco —le dije—. Sólo sé que se llama Pedro Páramo.

      —¡Ah!, vaya.

      —Sí, así me dijeron que se llamaba.

    Oí otra vez el «¡ah!» del arriero.

    Me había topado con él en Los Encuentros, donde se cruzaban varios caminos. Me estuve allí esperando, hasta que al fin apareció este hombre.

      —¿A dónde va usted? —le pregunté.

      —Voy para abajo, señor.

      —¿Conoce un lugar llamado Comala?

      —Para allá mismo voy.

      Y lo seguí. Fui tras él tratando de emparejarme a su paso, hasta que pareció darse cuenta de que lo seguía disminuyó la prisa de su carrera. Después los dos íbamos tan pegados que casi nos tocábamos los hombros.

      —Yo también soy hijo de Pedro Páramo —me dijo.

    Una bandada de cuervos pasó cruzando el cielo vacío, haciendo cuar, cuar, cuar.

      Después de trastumbar los cerros, bajamos cada vez más. Habíamos dejado el aire caliente allá arriba y nos íbamos hundiendo en el puro calor sin aire. Todo parecía estar como en espera de algo.

      —Hace calor aquí —dije.

      —Sí, y esto no es nada me contestó el otro—. Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.

      —¿ Conoce usted a Pedro Páramo? — le pregunté.

    Me atreví a hacerlo porque vi en sus ojos una gota de confianza.

      —¿Quién es? —volví a preguntar.

      —Un rencor vivo —me contestó él.

      Y dio un pajuelazo contra los burros, sin necesidad, ya que los burros iban mucho más adelante de nosotros, encarrerados por la bajada (…).


      —Que ya estamos llegando, señor.

      —Sí, ya lo veo. ¿ Qué pasó por aquí?

      —Un correcaminos, señor. Así les nombran a esos pájaros.

      —No, yo preguntaba por el pueblo, que se ve tan solo, como si estuviera abandonado. Parece que no lo habitara nadie.

    —No es que lo parezca. Así es. Aquí no vive nadie.

      —¿ Y Pedro Páramo?

      —Pedro Páramo murió hace muchos años.

                          Fragmento extraído de Pedro Páramo de Juan Rulfo

                       

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Contextualizar la obra.

  1. Leer este capítulo o apartado y completar el siguiente cuadro.

Comala vista desde los recuerdos                      Comala actual

de la madre del narrador






  1. ¿El paso del tiempo en este fragmento tiene una valencia positiva o negativa? 

Fundamenta tu respuesta.

  1. ¿Por qué el tema de la ausencia de agua está presente desde el título? Copia ejemplos del texto.

  2. ¿Qué tipo de narrador observas? Escribe un fragmento en el cual quede en evidencia.

  3. Cuando hablan los personajes hay una mímesis o imitación del habla local, copia dos ejemplos de ella.

  4. Selecciona tres palabras o expresiones que denoten el calor intenso que está presente en el relato.

  5.  ¿Cómo reconoces que hablan los personajes?

  6. La hipérbole es el recurso literario que consiste en exagerar una cantidad o cualidad. Ubica este recurso en el texto.

  7. ¿Qué opinas sobre Comala? ¿ Te parece un lugar atractivo para visitar?

  8. La expresión subrayada augura un acontecimiento negativo, recuerdas cómo se llama esa figura literaria.

  9. ¿Qué relación existe entre estos dos personajes y qué piensan de su progenitor?

  10. Completa este cuadro con la forma verbal correcta:


Verbo conjugado

Infinitivo

Gerundio

Participio

estaba




éramos




sentirá





  1. En la siguiente estructura lingüística marcá verbos conjugados,oraciones, sujeto expreso o sujeto tácito, predicado y otros temas estudiados el año pasado:


“El camino subía y bajaba…”

Evaluaci



domingo, 13 de noviembre de 2022

Reseña de La chica invisible

 Marafioti, R, (2003) Los patrones de la argumentación.  Bs.As. Editorial Biblos



Aurora Ríos es invisible para casi todos. Los acontecimientos del pasado han hecho que se aísle del mundo y que apenas se relacione. A sus diecisiete años, no tiene amigos y está harta de que los habitantes de aquel pueblo hablen a su espalda. Una noche de mayo, su madre no la encuentra en casa cuando regresa del trabajo. No es lo habitual. Aurora aparece muerta a la mañana siguiente en el vestuario de su instituto, el Rubén Darío. Tiene un golpe en la cabeza y han dejado una brújula junto a su cuerpo. ¿Quién es el responsable de aquel terrible suceso? Julia Plaza, compañera de clase de la chica invisible, está obsesionada con encontrar la respuesta. Su gran inteligencia y su memoria prodigiosa le sirven para realizar el cubo de Rubik en cincuenta segundos o ser invencible jugando al ajedrez. Pero ¿podrá ayudar a sus padres en la resolución de aquel enigma? Su madre, Aitana, es la forense del caso y su padre, Miguel Ángel, el sargento de la Policía Judicial de la Guardia Civil encargado de la investigación. Julia, junto a su inseparable amigo Emilio, un chico muy particular con una mirada inquietante, tratará de hacer todo lo que esté en su mano para que el asesinato de Aurora Ríos no quede impune.

¿Conseguirán averiguar quién es el Asesino de la brújula y qué hay detrás de aquella extraña muerte?

 

Esta novela es el comienzo de la Trilogía LA CHICA INVISIBLE.

Fuente: Biblioteca País

 







domingo, 30 de octubre de 2022

 

Reseña El principito

 Sinopsis

    Un aviador queda incomunicado en el desierto tras sufrir una avería en su avión a mil millas de cualquier región habitada. Allí se encontrará con un pequeño príncipe de cabellos de oro que afirma vive en el asteroide B 612 (donde hay una rosa y tres volcanes) con el que no tardará en congeniar. En sus conversaciones. el principito le relatará su visión sobre la vida y la gente, de esa sabiduría que se pierde cuando las personas abandonamos la infancia.

     "Las personas grandes son decididamente muy, pero muy extrañas..."

Opinión

    La historia de la génesis de El principito quizás sea una de mis favoritas de todos los tiempos, a la altura de la propia obra, si se me permite. Tras ser llamado a filas en 1939 y participar en varias arriesgadas misiones aéreas, Antoine de Sain.Exupéry abandona Francia una vez producida la ocupación alemana, instalándose en Estados Unidos con el firme objetivo de convencer a los norteamericanos para que entren en el conflicto mundial. El autor francés será requerido por el ejército cuatro años después, pero en ese lapso, aparte de incesantes intentos por volver al frente, Antoine escribió El principito.

    No se me ocurre un momento mejor (o quizás sea más preciso decir idóneo) para escribir una obra de la sensibilidad y el calado filosófico de El principito que durante una guerra. Imagino que pocos contextos deben trastocarnos tanto por dentro como una contienda de la magnitud de la Segunda Guerra Mundial. El estado emocional de aquellos que lo vivieron desde dentro se me antoja inaccesible, y quizás por ello no deja de fascinarme que de una situación tan horripilante puedan nacer historias tan hermosas como la que Sain-Exupéry cuenta en El principito.

    El principito es la historia de los niños y las personas grandes, del extenso mundo que nos rodea, de los pequeños mundos en los que a veces aterrizamos. Una oda a la vida, una crítica a esas cosas que tanto nos preocupan y que tanto nos limitan cuando llegamos a la edad adulta. Es el mundo visto desde los ojos de un niño, el que somo  o el que fuimos, también el que  siempre seremos por dentro.

    Un catálogo de inspiradoras frases, hermosas metáforas y surrealistas escenas en las que se suceden variados y capitales temas universales tales como la amistad, el amor, la inocencia, la responsabilidad o la relación del ser humano con la naturaleza. Una historia tan entrañable como rica en sabiduría apta para todas la edades y que no caduca ni pasa de moda. Un clásico con todas las letras que es capaz de acariciarnos el alma.

                                                   Alfonso Gutiérrez Caro 2019

lunes, 10 de octubre de 2022

Versos luminos de Isaac Asimov

 VERSOS LUMINOSOS

   De todas las personas del mundo, la última a quien nadie habría creído capaz de cometer un asesinato era la señora Avis Lardner. Viuda del gran astronauta mártir, era filántropa, coleccionista de arte, anfitriona extraordinaria y, todo el mundo estaba de acuerdo en ello, artista genial. Pero sobre todo era el ser humano más dulce y bondadoso que se pudiera imaginar.
  Como todos recordamos, su marido, William J. Lardner, murió por efecto de la radiación de una erupción solar, después de haberse quedado deliberadamente en el espacio para que una nave de viajeros pudiera llegar sin contratiempo a la Estación Espacial 5.
La hazaña de su difunto esposo le había valido a la señora Lardner una generosa pensión, que ella invirtió con acierto y prudencia. Ya en plena edad madura, era una mujer rica.
  Su casa era una vitrina, un verdadero museo, que sólo contenía colecciones extremadamente selectas de objetos extraordinariamente hermosos, adornados con joyas. Procedentes de una docena de culturas distintas, había conseguido reliquias de casi todos los artefactos imaginables que se pudieran incrustar de joyas y destinar al servicio de la aristocracia de la cultura en cuestión. Poseía uno de los primeros relojes de pulsera recamados de joyas fabricados en América, un puñal enjoyado de Camboya, unas gafas incrustadas de joyas de Italia, y un largo etcétera, casi interminable.
  Todo estaba a la vista para que lo inspeccionara quien quisiese. Los objetos no estaban asegurados, ni había medidas especiales de seguridad. No se precisaba ninguna de las precauciones habituales, porque la señora Lardner tenía un elevado número de robots, y se podía confiar plenamente en que cada uno de ellos guardaría aquellos objetos con imperturbable concentración, honradez irreprochable y eficiencia inquebrantable.
  Todo el mundo conocía la existencia de tales robots, y no se tiene noticia de ningún intento de robo.
  Luego, por supuesto, venían sus «esculturas de luz». Ninguno de los invitados a sus muchas fiestas y recepciones podía imaginar cómo hubiera descubierto la señora Lardner su genio para el arte. En todas las ocasiones, sin embargo, en que su casa abría las puertas de par en par para recibir invitados, brillaba por las habitaciones una nueva sinfonía de luz; curvas tridimensionales y sólidos de colores diluidos, unos puros y otros fundiéndose en pasmosos efectos cristalinos que llenaban de admiración a los invitados y, fuese como fuere, siempre modificándose de forma que el cabello, blanco azulado, de la señora Lardner y su rostro, sin arrugas, adquiriese una dulce belleza.
  Los invitados venían por las «esculturas de luz» más que por ninguna otra cosa. Nunca se vio dos veces la misma, ni apareció nunca ninguna que no explorase nuevos caminos experimentales del arte. Muchas personas podían tener consolas de luz por diversión; pero ninguna podía aproximarse siquiera a la pericia de la señora Lardner. Ni aún aquellos que se consideraban artistas profesionales.
  La misma señora Lardner hacía gala de una deliciosa modestia sobre este asunto.
  — No, no -solía decir cuando alguien se derretía en lirismos-. Yo no lo llamaría «poesía de luz». Eso es demasiado generoso. Todo lo más que diría es que son «light verse». -Y todo el mundo celebraba con una sonrisa el fino ingenio encerrado en la conjunción de estas dos palabras que generalmente significarían «versos ligeros», pero que también podían significar «versos luminosos».
  Aunque se lo pedían con gran frecuencia, nunca quería crear «esculturas de luz», sino en las fiestas que daba en su casa.
  — Lo otro sería comercializar el arte -decía.
  Sin embargo, no tenía inconveniente en preparar complicados hologramas de sus esculturas a fin de hacerlas perdurables y de que se pudieran reproducir en los museos de arte de todo el universo. Tampoco cobraba nada por el uso que se pudiera hacer, fuera cual fuese, de sus esculturas de luz.
  — No podría pedir ni un céntimo -decía, abriendo los brazos de par en par-. Están a disposición de todos, gratis. Al fin y al cabo, a mí luego no me sirven de nada.
¡Era cierto! Nunca utilizaba dos veces una misma escultura de luz.
Cuando se tomaban los hologramas, solía colaborar personalmente. Observando con ojo benigno cada uno de los pasos, estaba siempre a punto para ordenar a sus criados robots que ayudaran.
— Por favor, Courtney -solía decir-, ¿tendría la bondad de disponer convenientemente esa escalerilla?
Era su estilo. Siempre se dirigía a sus robots con la más depurada cortesía.
En una ocasión, años atrás, un funcionario del gobierno de la Oficina de Robots y Hombres Mecánicos le había reprochado:
— No puede hacerse así -le dijo muy serio-. La eficiencia de esas máquinas sale perjudicada. Han sido construidas para obedecer órdenes, y cuanto más claras sean, con mayor eficacia las cumplirán. Si se les pide algo con alambicada cortesía, les cuesta comprender que se trate de una orden, y reaccionan más despacio.
Pero la señora Lardner levantó su aristocrática cabeza y dijo:
— Yo no pido ni rapidez ni eficiencia. Pido buena voluntad. Mis robots me adoran.
El funcionario del gobierno le habría podido explicar que los robots no pueden amar ni adorar; pero quedó cohibido bajo la mirada ofendida, aunque dulce, de la dama.
Era bien sabido que la señora Lardner jamás devolvió un robot a la fábrica para que lo revisaran. Los cerebros positrónicos que llevan estos aparatos son complicadisimos, y en un caso de cada diez, aproximadamente, no están perfectamente ajustados cuando salen de la fábrica. A veces el defecto no se nota hasta al cabo de un tiempo; pero siempre que se note, la razón social «U.S. Robots & Mechanical Men, Inc.» los repara gratuitamente.
La señora Lardner movía la cabeza negativamente.
— Cuando un robot está ya en mi casa -decía-, y cumple con sus obligaciones, las pequeñas excentricidades que tenga se le toleran. No quiero que se les trate desconsideradamente.
Lo peor que se podía hacer era probar de explicarle que un robot no era más que una máquina. En tales casos, replicaba muy secamente:
— Ningún ser tan inteligente como un robot puede ser solamente una máquina. Yo los trato como a personas.
¡Y no había más que hablar!
Conservaba incluso a Max, a pesar de que estaba casi inservible. Apenas entendía lo que le ordenaban. Pero la señora Lardner negaba con denuedo tal afirmación.
— De ningún modo -decía con voz firme-. Coge sombreros y abrigos y los almacena perfectamente. Me sostiene objetos. Sabe hacer muchas cosas.
— Pero ¿por qué no lo haces reparar? -le preguntó un día un amigo.
— Ah, no podría. Él es así. Y es un encanto, ¿sabes? Al fin y al cabo, un cerebro positrónico es tan complejo que nadie puede asegurar en qué anda fuera de quicio, exactamente. Si hicieran a Max perfectamente normal, no habría manera de devolverle el encanto que ahora posee. No, no renunciaré a semejante hechizo.
— Pero si no está bien centrado -decía el amigo, mirando nervioso al robot-, ¿no podría resultar peligroso?
— Jamás -negó la señora Lardner con una carcajada-. Hace años que lo tengo. Es completamente inofensivo y una auténtica preciosidad.
Lo cierto era que Max tenía la misma figura que los otros robots: lisa, metálica, vagamente humana, pero inexpresiva.
No obstante, para la dulce señora Lardner, todos eran personas, todos eran un encanto, todos eran adorables. Ella tenía este carácter, esta personalidad.
  ¿Cómo pudo perpetrar un asesinato?

  La última persona del mundo que uno habría creído pudiera morir asesinada era John Semper Travis. Introvertido y amable, vivía en este mundo, pero no pertenecía a él. Poseía una mente con esa gracia especial para las matemática que le permitía deshacer la complicada urdimbre de la miríada de sendas positrónicas de la mente de un robot.
Era ingeniero jefe de «U.S. Robots & Mechanical Men, Inc.»
Y era además aficionado entusiasta a las «esculturas de luz». Había escrito un libro sobre el tema, tratando de demostrar que la clase de matemática que empleaba al elaborar sendas cerebrales positrónicas se podían transformar en guías para la producción de esculturas de luz estéticas.
  Sin embargo, el intento de pasar de la teoría a la práctica resultó un lamentable fracaso. Las esculturas que producía siguiendo sus principios matemáticos salían pesadas, mecánicas, nada interesantes.
  Era el único motivo de pena que podía encontrarse en su sosegada existencia, introvertida, segura; y sin embargo, era motivo bastante para que se sintiera muy desdichado. Sabía que sus teorías eran ciertas, y sin embargo, no lograba ponerlas en práctica. Si pudiera producir al menos una gran muestra de escultura de luz... conocía las de la señora Lardner.
  Todo el mundo la aplaudía como a un genio, y sin embargo, Travis sabía que era incapaz de comprender hasta los aspectos más sencillos de la matemática robóticas. Había sostenido correspondencia con ella; pero la señora Lardner se había negado siempre a explicar qué métodos seguía, y él llegó a preguntarse si seguía alguno realmente. ¿No podía tratarse de simple intuición...? Pero hasta la intuición se podía reducir a fórmulas matemáticas. Por fin logró que le invitase a una de las fiestas que daba. Sencillamente, tenía que ver a aquella mujer.

Travis llegó más bien tarde. Había llevado a cabo una última tentativa por realizar una escultura de luz y había fracasado lamentablemente.
  Travis saludó a la señora Lardner con una especie de respeto maravillado y dijo:
— El robot que me ha cogido el sombrero y el abrigo era muy singular.
— Ese es Max -dijo la señora Lardner.
— Está muy mal acoplado y es un modelo bastante antiguo. ¿Cómo es que no lo devolvió a la fábrica?
— Oh, no -exclamó la señora Lardner-. Sería demasiada molestia.
— Ninguna en absoluto, señora Lardner -replicó Travis-. Le maravillaría la sencillez con que harían la tarea. Pero como yo pertenezco a «U. S. Robots» me he tomado la libertad de revisarlo. Lo hice en un momento, y usted verá que ahora está en perfectas condiciones de funcionamiento.
En el semblante de la señora Lardner se produjo un cambio extraño. El furor halló sitio en él, por primera vez en su dulce vida, y fue como si los rasgos fisonómicos no supieran cómo debían ordenarse.
— ¿Lo ha repasado? -gritó en un alarido-. ¡Si era él quien creaba mis esculturas de luz! Era el mal acoplamiento, que ya no se podrá reproducir nunca más, lo que..., lo que...
Fue realmente una desgracia que hubiera estado mostrando, hacía unos instantes, su colección, y que el puñal incrustado de joyas de Camboya se hallara sobre la mesita de mármol, delante de ella.
También Travis tenía el semblante terriblemente alterado.
— ¿Quiere decir que si yo hubiera estudiado sus pistas cerebrales, afectadas de un mal acoplamiento singular, único, habría podido aprender...?
La señora Lardner se abalanzó con un impulso demasiado repentino para que nadie pudiera contenerla, y el hombre no intentó siquiera esquivar el golpe. Algunos dijeron que hasta fue a su encuentro... como si quisiera morir.












Actividades

  1. Buscar en el diccionario las siguientes palabras: recamados, urdimbre, miríadas,furor.

  2.   “— Lo otro sería comercializar el arte -decía”. ¿ Qué personaje es el que está interviniendo en este enunciado? 


 

  1. ¿Quién dijo lo que aparece resaltado en negrita? 

  2. ¿Qué información te brinda el enunciado resaltado en rojo? 

¿Cómo formulamos el enunciado anterior con una expresión sinonímica? 

  1. ¿Cuál es la creación de la protagonista? 

¿Cómo los denomina y por qué? 

  1. Arma sintagmas nominales a partir de las siguientes palabras: 


Robot 


Luz 


Lardner



  1. Transforma el discurso indirecto subrayado en discurso directo. 

  2. Localiza en el texto pasajes en los cuales encontramos descripciones. 

  3. ¿Qué te  transmite como reflexión final la lectura del  texto?